A través de la historia de la humanidad, encontramos hechos que parecieran repetirse en las diferentes sociedades y culturas. La lucha del hombre por la libertad pareciera ser una constante, la cual se encuentra íntimamente unida a la búsqueda de la satisfacción de sus necesidades más elementales, y a su realización como ser humano.
A pesar de esta realidad histórica, resulta paradójico que viviendo una lucha continua por la libertad, el hombre suele hacerse esclavo de situaciones de pecado que terminan sofocando su alma y sumiéndolo en una terrible pérdida de la paz y la libertad interior.
Es por ello que el sacrificio de Jesús en la Cruz tiene un mérito y valor infinito, pues es precisamente el precio que pagó por rescatarnos de la esclavitud del pecado y con ello abrir las puertas del paraíso para todos sus hermanos, lo cual constituye la mayor demostración de amor de Dios por nosotros, “nadie tiene amor mas grande, que el que da la vida por sus amigos” Juan 15, 13.
Hemos vivido la semana santa, luego de una preparación de cuarenta días, a través de los cuales la Iglesia nos invitó a meditar y enrumbar nuestras vidas a la consecución del plan que Dios tiene para cada uno de nosotros, el cual evidentemente redunda en nuestra verdadera libertad y felicidad.
Jesús dijo a Santa Faustina “En cada alma cumplo la obra de la misericordia, y cuanto mas grande es el pecador, tanto mas grande es el derecho que tiene a mi misericordia” (Diario 723). Esta frase expresa de manera contundente la grandeza del amor de Dios por nosotros, pues Él conoce bien nuestro pecado, pero conoce mejor aún nuestra interioridad y las razones que nos llevaron a caer en cualquier pecado, por grave que sea. El pecado es contrario al plan de Dios, pero el pecador es el objeto de ese plan, es por ello que nuestra esperanza debe ser firme y nuestra confianza sólida, pues como dice el apóstol “¿quién nos separará del amor de Dios?” (Romanos 8,35).
Queridos hermanos, muchas veces sufrimos una dolorosa soledad por no sentirnos amados, y este dolor se hace más profundo al sentirnos pecadores e indignos de ser amados. En esta Pacua te invito a dirigir tu atención a ese amor misericordioso de nuestro Padre, que desea mostrarnos con insistencia cuan preciados somos para Él, abre tu corazón al su amor y permítele sanar tus heridas por los méritos de su pasión, muerte y resurrección.
Alégrate, pues Jesús ha resucitado y quiere decirte con suma ternura que te ama tal cual eres. Nos vemos el próximo domingo, para celebrar la Gran Fiesta de la Misericordia.
¡Vive su Misericordia, construyamos fraternidad!
@enticonfio2012

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